jueves, 4 de noviembre de 2010

EXPERIENCIAS DE VIDA

Hace un rato he estado recogiendo viejas carpetas, papeles y cosas que se guardan sin saber si sirven o no para algo y que nunca miras. Hoy me ha dado por mirarlos y más que papeles he visto recuerdos, he leido recuerdos, muchos recuerdos, algunos muy dolorosos. Hoy he repasado una de las experiencias más difíciles y dolorosas que he vivido en mis 46 años. Y me ha apetecido contarosla, aunque no tiene nada que ver con maternidad.
Ocurrió el 14 de septiembre de 1997. Era domingo de traineras y fiestas en mi pueblo. Yo estaba en Donosti por motivos laborales, una feria del gremio en el que entonces trabajaba que se celebraba en el Palacio de Miramar. Habíamos viajado durante la noche para estar el domingo a primerísima hora en San Sebastian. Por la mañana estuve viendo las traineras (ganó  la de Orio, la que siempre me ha gustado) y la pasamos con normalidad, atendiendo clientes y rematando el stand.
Mi curiosidad me llevó a dar una vuelta por el palacio, por las estancias que ocupaba nuestra feria y por donde se podía pasar. En mi paseo me vi frente a una escalera que me pareció espectacular. Me acordé de mi hermana, que se había casado unos días antes y quería una foto en una escalera..... y pensando en ella y su traje de novia subía la escalera. Arriba encontré un descansillo enorme con un par de divanes y dos puertas cerradas. Me volví a trabajar. Despues de comer me venció el cansancio de toda la noche conduciendo sin dormir y me acordé de los dos divanes que había arriba, así que decidí subir y recostarme un rato. Por allí no pasaba nadie y podría descansar. Cuando llegué arriba vi uno de los divanes movido y la puerta que había tenido detrás abierta. Me pudo la curiosidad y me asomé.... y me pudo más aún la curiosidad y entre.... y me pasee por lo que fueron los dormitorios de palacio, amueblados y vestidos tal como lo estuvieron cuando lo habitaba Alfonso XIII; todo sucio, todo desordenado, todo absolutamente fascinante y tentador. Y uso la palabra tentador en el sentido de estar tentada de curiosidad, de asombro.... que sé yo cuantas cosas. Toque algún libro y algún objeto y salí. En el umbral de la puerta me encontré a uno de los guardias de seguridad. Y comenzó mi calvario.
El guardia me señaló algo que yo no vi: la puerta estaba abierta por que alguien había roto el candado (y me lo puso en la mano). La alarma había saltado varias veces en diferentes sitios. Cuando acudieron me vieron a mi. Me dijo que tenían que llamar a la Guardi Civil pues aquello era Patrimonio Nacional y era su obligación.
Un par de horas despues llegó la brigada de Patrimonio Nacional de la Guardia Civil. Estuve hablando con ellos un buen rato. Podría decir que me interrogaron, pero no tuve esa sensación. Creo que entendieron lo que decía, lo que había pasado y no quisieron darle más importancia al incidente. El palacio estaba abierto al público y el candado lo podía haber roto cualquiera y la curiosidad les pareció algo natural. Sólo me dejaron caer un pero: el director del palacio estaba encabronado vivo y quería una cabeza y el segurata estaba acojonado por que la suya estaba a punto de rodar.
Y el pero llegó. El segurata cambió su primera declaración y se cubrió las espaldas y el director decidió que había objetos sacados de las cajas y que lo había hecho yo, que los había dejado allí para volver a llevármelos más tarde. Puso una denuncia contra mi por robo con fuerza y la ertzaintza vino a detenerme por tal delito.
Tuve un rato de lucidez y de calma, antes de que todo se desencadenara en el que vi con claridad como se iban a desencadenar los acontecimientos, es decir, que mi detención era un hecho y cuestión de minutos. Por aquel entonces yo tenía un móvil (creo que fue mi primer móvil) y traté de locacizar a mi padre. Eran fiestas de mi pueblo y mi padre el alcalde. En casa imposible.Uno de los pocos móviles que había entonces lo tenía un tío mío y le llamé. Me cogió a la primera. Sólo le dije: "busca a mi padre. No te lo puedo explicar así que no preguntes, pero me van a detener en unos minutos y necesito habalr con mi padre antes de que me lleven, que me llame YA, por favor". No preguntó, buscó a mi padre y al rato me llamaba. Hablando con él estaba cuando vino la ertzaina a detenerme. Lo que sucedió despues fue como un mal sueño. Mantuve la calma hasta que la furgoneta arrancó. Me esposaron, me dijeron mis derechos, me ayudaron a entrar en la furgoneta......y entonces le pedí permiso al policia para llorar..... el pobre me arrimó el hombro y me dijo: "llora, mujer, llora y estate tranquila que está será una anécdota que contarás a tus nietos".No lo veía yo así.
Pasé la noche en el calabozo. Me quitaron todo, hasta las hebillas de las zapatillas que llevaba. Me dieron una manta y cerraron la puerta. Creí que me moría de angustia, de miedo, de impotencia...... vino una mujer a registrarme, entera...... creo que de los nervios me bajó la regla, auqnue no era su momento. A toda la vergüenza y humillación que se siente añádele tener que pedirle a los policías que me consiguieran compresas o tampax o algo que ponerme..... me hicieron fotos, de frente, de perfil..... me tomaron declaración.... bueno, todo un proceso que a mi se me hizo terrible y horrible.
Por la mañana yo esperaba que mi padre ya habría llegado, pero mi padre no aparecía. Más nervios, más miedo. Me angustiaba pensar que le habia pasado algo, que se había estrellado con el coche....
A última hora de la mañana me trasladaron al juez de guardia, al juzgado. Allí no había garaje y me dejaron enfrente del edificio. Ví a mi padre desde el coche y sentí algo de tranquilidad. Me bajé, mipadre me miraba a los ojos y me sonreia..... hasta que bajó la mirada ..... esa mirada y ese instante es lo más doloroso que recuerdo de aquello, la mirada de mi padre cuando vió las esposas que llevaba..... nos echamos los dos a llorar. No le dejaron ni darme un abrazo.
El juez aún tardó un par de horas en tomarme declaración, ya con un abogado que había traido mi padre. Me dejó en libertad condicional hasta juicio y salí de allí avergonzada, cansada, humillada y aterrorizada.
En abril del año siguiente tuve el juicio y en julio salió la sentencia: absolutoria.
Durante esos meses cada vez que me llegaba una notificación del juzgado me pasaba 4 días llorando. Los días previos al juicio necesité ansiolíticos, por que estaba totalmente fuera de control. Y hasta que salió la sentencia pasé mucha angustia.
En todo momento me sentí tratada como culpable. La presunción de inocencia brilló por su ausencia. Hasta que el juez no distó la total absolución nadie presupuso otra cosa que mi culpabilidad. En su sentencia el juez echaba bastante "bronca" a todos los que habían influido para que yo estuviera allí sentada y hubiera pasado por esa experiencia sin haber ni un sólo indicio de haber hecho lo que me me acusaban. Me dejó una puerta abierta para haber denunciado yo a los que iniciaron mi proceso..... pero pasé tanto miedo y tanta angustia, que no tuve fuerza. Pero le agradecí al juez haberme abierto esa puerta que me reconocía el mal trago que me habían hecho pasar.

Experiencias de vida.....

7 comentarios:

  1. ¡Vaya trago!, no debe ser fácil de olvidar semejante experiencia.

    Y que situación tan rocambolesca, tan absurda, de indefensión total.

    Un abuso se mire por donde se mire, que entiendo no tuvieras fuerzas para denunciar, pero que desde luego lo merecia.

    Tira esas carpetas, pero ya mismo.

    Besitos

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  2. ups!!, vaya mala suerte...y que mal trago la verdad, al final quedó como una anécdota para recordar a tus nietos.

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  3. Ufff, que angustia!! Comprendo perfectamente que no te quedaran ganas ni de denunciarles, pero me alegro mucho de la sensación tan recomfortante que debió de darte ese reconocimiento por parte del juez.
    Un abrazo.

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Ostras! Me he quedado alucinada... Y que eso nos puede pasar a cualquiera en un momento sin darnos ni cuenta de haber hecho nada inapropiado... o no demasiado.

    Sí se ha quedado en una anécdota para explicar a los nietos pero, yo creo que es más que una anécdota y entiendo que te pueda causar dolor y malestar recordarla; no es para menos.

    Por cierto... ese día cumplía yo 22 añitos!

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  6. ¡¡¡Menuda aventura que terminó bien, menos mal!!! pero, una anécdota para contar...de momento...a Xiao...y luego...a...

    besos

    Pilar

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  7. ufff menudo momento, no puedo ni imaginármelo, bueno pues ahora es verdad que queda como anécdota pero vaya mal trago. BEsos

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